"Curar si es posible, cuidar siempre”

Jueves 01 de Abril del 2021
- El proyecto de ley sobre eutanasia avanza en el Congreso de Chile, mientras la Iglesia sigue alzando la voz sobre su gravedad política y moral. La eutanasia -se ha dicho- es una expresión de esa "cultura del descarte" que ha denunciado el Papa Francisco, según la cual el valor de una persona depende de su eficiencia económica, además de física.

La Comisión de Salud de la Cámara de Diputados aprobó, el 29 de marzo, el proyecto de ley de Eutanasia, por lo que pasará a su discusión en Sala. Este proyecto de ley fue calificado por el Comité Permanente de la Cech, en diciembre del año pasado, como “un paso de máxima gravedad política y moral, porque implica una concepción -a nuestro entender- errada de la persona humana, de su dignidad y de sus derechos esenciales”.
Cabe señalar que la eutanasia se define como un acto de provocar intencionadamente la muerte de una persona que padece una enfermedad incurable para evitar que sufra. Entonces, la causa de la muerte no es la enfermedad del paciente, sino la acción deliberada de quien practica la eutanasia. 
Éste no es un debate nuevo en el mundo y en algunos países ya se ha legalizado. De hecho, el Papa Juan Pablo II, quiso dar luz al tema señalando como principio cristiano: "Curar si es posible, cuidar siempre". 
En la Carta “Samaritanus bonus”, publicada el 2020, de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida, se toma este principio, y se indica que se trata de "acompañar al enfermo en las etapas terminales de la vida para asistirlo respetando y promoviendo siempre su inalienable dignidad humana, su llamada a la santidad y, por tanto, el valor supremo de su misma existencia".
En el documento se reafirma que "la eutanasia es un crimen contra la vida humana", como lo es cualquier colaboración con ella. También se expone que la Iglesia se opone al encarnizamiento terapéutico, es favorable a la aplicación de cuidados paliativos y recomienda el apoyo a las familias de las personas que están sufriendo.
La eutanasia es, según este documento, una expresión de esa "cultura del descarte" que ha denunciado el Papa Francisco, según la cual el valor de una persona depende de su eficiencia económica, además de física. “Las víctimas de esta cultura son los seres humanos más frágiles, que corren el riesgo de ser 'descartados' por un engranaje que quiere ser eficiente a cualquier precio”.
Por otro lado, es totalmente positiva la opinión que manifiesta sobre la medicina paliativa, que “constituye un instrumento precioso e irrenunciable para acompañar al paciente en las fases más dolorosas, penosas, crónicas y terminales de la enfermedad. Los así llamados cuidados paliativos son la expresión más auténtica de la acción humana y cristiana del cuidado, el símbolo tangible del compasivo “estar” junto al que sufre. Estos tienen como objetivo «aliviar los sufrimientos en la fase final de la enfermedad y asegurar al paciente un adecuado acompañamiento humano, mejorando – en la medida de lo posible – su calidad de vida y su bienestar general. La experiencia enseña que la aplicación de los cuidados paliativos disminuye drásticamente el número de personas que piden la eutanasia".
La terapia paliativa también incluye la terapia analgésica con medicamentos que pueden causar supresión de la conciencia (sedación). "Un profundo sentido religioso puede permitir al paciente vivir el dolor como un ofrecimiento especial a Dios, en la óptica de la Redención; sin embargo, la Iglesia afirma la licitud de la sedación como parte de los cuidados que se ofrecen al paciente, de tal manera que el final de la vida acontezca con la máxima paz posible y en las mejores condiciones interiores. Esto es verdad también en el caso de tratamientos que anticipan el momento de la muerte (sedación paliativa profunda en fase terminal), siempre, en la medida de lo posible, con el consentimiento informado del paciente”.

Realidad en Chile
Los cierto es que este proyecto de eutanasia sigue avanzando en su trámite legislativo, en un momento en que el país está de cara a unas próximas elecciones, sólo aplazadas por la pandemia. De acuerdo a lo que señala el administrador apostólico de Rancagua, Monseñor Juan Ignacio González “estos proyectos nacen como consecuencias de la evolución del pensamiento moderno, del relativismo jurídico y moral; y se inscriben en pensamientos, como el de género u otros. Estos se enfocan en que el ser humano tiene total autonomía, que incluso le permite dominar el inicio de la vida y la causa de la muerte. Nosotros, que somos una nación cristiana, sabemos que eso es un atentado -como enseña la Doctrina de la Iglesia- contra la persona y un atropello a su dignidad y lo grave es que se está intentando perpetrar por los órganos legislativos de nuestro país. Más grave resulta que en algunos casos haya personas que intentan hacer compatible esta forma de pensar con su declaración de ser cristianos e incluso católicos. Estas situaciones son gravísimas, y es el momento en que la ciudadanía debe tener conciencia de a quién le entrega su apoyo para ser representada en los órganos legislativos. En estos momentos tenemos opciones concretas en las elecciones de los Cores, de los gobernadores, de los alcaldes, concejales y, particularmente, de los constituyentes, que van a redactar la carta fundamental”, indicó. 
Acorde con él, los obispos del Comité permanente de Chile han solicitado a las respectivas autoridades e instancias legislativas que, con prudencia y sabiduría, ponderen las graves consecuencias que puede tener la aprobación de una ley de este tipo. “Llamamos a los laicos y laicas que creen en la vida, a hacer oír su voz, desde la academia y el mundo profesional, desde las organizaciones sociales y comunitarias, respecto de qué consideramos “digno” para el ocaso de nuestras vidas. Si queremos que la dignidad se haga costumbre, dialoguemos este delicado tema con profundo respeto, sin descalificaciones, procurando siempre buscar aquello bueno y verdadero que existe en quien piensa distinto. Nos hace bien que todos puedan expresar sus diversas y legítimas visiones, y que se manifiesten como se hace en una sociedad democrática: con respeto, de cara a la gente, con la recta intención de cuidar el bien común”, expresaron, dando cuenta que un mal paso en este sentido tiene siempre graves consecuencias en el futuro.