
Para algunos, estas preguntas del Papa podrían parecer extemporáneas. Sin embargo, se refieren a una situación totalmente actual. Hoy, en pleno siglo XXI, el 67% de la población mundial vive en países con graves violaciones a la libertad religiosa, según datos del Informe de la Libertad Religiosa en el Mundo 2021, elaborado por la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN).
Este estudio también destaca que el laicismo y la intolerancia agresiva hacia el hecho religioso se está extendiendo de forma alarmante en diferentes países occidentales. Las agresiones a personas, a símbolos religiosos y a templos, están alcanzando un nivel preocupante.
El respeto a la libertad religiosa - que implica el derecho a creer y a no creer, a expresar la fe pública o privadamente y de manera individual o colectiva - es el mejor barómetro para determinar si una sociedad respeta los derechos humanos fundamentales. Cuando defendemos el derecho a la libertad religiosa garantizamos otras libertades, como la de conciencia, educación, expresión, pensamiento, asociación, etc.
El derecho a la libertad religiosa es un elemento imprescindible en una sociedad democrática, inclusiva y plural. Juega un papel único, ya que expresa en plenitud lo propiamente humano: abarca la identidad de una persona y el sentido con que ella orienta su vida personal y social conforme a sus propias convicciones; manifiesta la transcendencia de la persona y la absoluta inviolabilidad de su dignidad.
Es por eso que, tal como nos recuerda el Papa en su video, la libertad religiosa está ligada al concepto de fraternidad, porque para comenzar a transitar los caminos de fraternidad, es imperativo no solamente respetar al otro, sino genuinamente valorarlo en su diferencia y reconocer en él a un verdadero hermano. “O somos hermanos o perdemos todos”, nos dice el Papa.
Magdalena Lira Valdés
Directora Nacional ACN Chile