
A más de 2.000 metros de altura, entre las nieves y el silencio de la cordillera de los Andes, el antiguo Cementerio de Agua Dulce, del ex campamento minero Sewell, vuelve a hablar con fuerza. En sus humildes tumbas yacen más de 2.700 personas que por años parecieron quedar en el olvido. Hoy, esa historia comienza a ser sanada gracias a una cruzada profundamente humana y cristiana.
En el programa “Entre sin Golpear”, conducido por la periodista Carola Quesney, el sacerdote y antropólogo padre Hugo Yáñez, de la Diócesis de Rancagua, compartió los avances de esta hermosa misión de rescate patrimonial y reconciliación con la historia.
“Este lugar fue por años silenciado. Pero Dios no olvida a sus hijos. Hoy queremos restaurar su dignidad, a través de la verdad y la memoria”, expresó el padre Hugo. La investigación realizada, con el apoyo de la Corporación Patrimonial Sewell, permitió descubrir que no eran solo “angelitos” los allí sepultados, sino también adultos, jóvenes y trabajadores que entregaron su vida en la faena minera.
La campaña busca que el cementerio sea declarado Monumento Nacional y contempla la creación de un memorial, como signo de reparación y esperanza. Para ello, se ha iniciado una recolección de firmas ciudadanas, invitando a toda la comunidad a sumarse: quienes vivieron, trabajaron o simplemente sienten el llamado a honrar a los olvidados.
Los puntos de apoyo están disponibles en parroquias, colegios católicos y espacios públicos como el Paseo Independencia de Rancagua.
“El rescate del patrimonio no es solo un acto cultural. Es un gesto pastoral. Es la Iglesia que acompaña, consuela y reza por sus hijos”, concluyó el padre Hugo, recordando que la misericordia también tiene memoria.
Puede escuchar el programa en el siguiente link: Entre sin golpear 009 Cementerio Sewell