
“Fue más que una construcción. Fue una presencia viva de Dios que tocó los corazones de cada uno”, expresó con emoción el padre Alejandro Fredes, párroco de La Estrella, al relatar la experiencia vivida junto a los jóvenes de Trabajo País en la comunidad del Santísimo Calvario de Pulín.
Del 11 al 21 de julio, 35 estudiantes de la Universidad Católica levantaron un salón parroquial, pero, según el sacerdote, el mayor regalo fue espiritual. “La comunidad no solo agradece la obra, sino los momentos de oración, el compartir la mesa, las lágrimas al despedirse. Se construyeron lazos verdaderos”, afirmó.
El párroco de la comunidad destacó también que la misión coincidió con la presencia de la imagen de San Nicolás, lo que dio un marco aún más profundo a esta vivencia. “Verlos llegar, celebrar la misa de bienvenida y luego ver cómo la comunidad se despedía entre abrazos… ahí uno ve a Dios actuando”, concluyó.