
La diócesis de Rancagua se suma con esperanza y compromiso al llamado del Papa León XIV, quien invitó a toda la Iglesia a vivir este 22 de agosto, día de María Reina, como una jornada de ayuno y oración por la paz. El Santo Padre, en la audiencia general del 20 de agosto en el Aula Pablo VI, recordó que la Virgen es invocada como Reina de la Paz, pidiendo su intercesión para enjugar las lágrimas de quienes sufren los horrores de la guerra en Ucrania, la Franja de Gaza, África y otras regiones del mundo.
Acogiendo estas palabras, Monseñor Guillermo Vera, obispo de Rancagua, dirigió un mensaje a los fieles de la diócesis, animándolos a unirse con todo el corazón a esta jornada de plegaria. “Privarnos de algunos alimentos, sentir un poco de hambre, es también hacer que nuestro cuerpo rece junto a nuestro espíritu. Así imploramos unidos el don de la paz, tan necesario para el mundo y para cada uno de nosotros”, señaló.
El obispo subrayó que este gesto sencillo, vivido con fe, es una forma concreta de encarnar la enseñanza del Evangelio, donde el ayuno y la oración se convierten en instrumentos de reconciliación. “Que nuestro espíritu, nuestro cuerpo y todo nuestro ser recen para pedir al Señor que nos conceda la gracia de la paz”, agregó.
De esta manera, la diócesis hace suyo el clamor del Santo Padre, resaltando que la paz no es fruto de la fuerza ni de intereses humanos, sino del encuentro con Dios y la apertura al perdón.
En este día de María Reina, la Iglesia en O’Higgins se une en comunión con el Papa y con todos los católicos del mundo, pidiendo a la Virgen que interceda por un mundo herido, para que florezca la paz que solo Cristo puede dar.