
Con una concurrida y emotiva celebración en la Plaza Los Héroes de Rancagua, este 3 de septiembre se celebró la Misa de Exequias de Monseñor Alejandro Goic Karmelic, obispo emérito de Rancagua, fallecido el pasado 1 de septiembre. La eucaristía fue presidida por el Arzobispo de La Serena y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. René Rebolledo Salinas, acompañado por el Nuncio Apostólico, Mons. Kurian Mathew Vayalunkal, el obispo de Rancagua, Mons. Guillermo Vera Soto, el cardenal Chomalí, obispos, sacerdotes, religiosas y miles de fieles.
En esta ocasión, se unieron también autoridades civiles de distintos sectores políticos, quienes quisieron rendir homenaje a la vida y misión de Mons. Goic, recordando su compromiso con la justicia social, su voz profética en defensa de los trabajadores y su cercanía con los más vulnerables.
Palabras del Presidente de la República
El presidente Gabriel Boric envió una carta de condolencias, leída durante la celebración por Mons. Rebolledo. En su mensaje, el mandatario destacó la defensa de los derechos humanos que Mons. Goic ejerció durante la dictadura, así como su compromiso con los trabajadores y con la propuesta del “sueldo ético”, que abrió un debate profundo en la sociedad chilena.
“El obispo Goic será recordado como una voz comprometida y coherente, que se alzó sin temor para defender a las personas más vulnerables”, señaló el Presidente, agradeciendo a la Iglesia y a la diócesis de Rancagua por el testimonio de un pastor cuya vida estuvo marcada por el Evangelio y la justicia social.
Voces de la Región de O’Higgins
El gobernador regional Pablo Silva Amaya expresó su pesar en nombre de la comunidad, recordando la amistad personal que lo unió a Mons. Goic y subrayando su valentía al proponer un salario digno para todos los trabajadores. “La región y el país pierden a un gran hombre, un pastor que vivió en Cristo y se preocupó por los más pobres y perseguidos”, señaló.
Por su parte, el delegado presidencial Fabio López resaltó el rol de Mons. Goic como mediador en momentos complejos de la historia nacional, como en la crisis con Argentina en 1978 o en la huelga de los contratistas de El Teniente en 2007. “No buscó protagonismo, sino tender puentes. Su voz fue profética y su propuesta del sueldo ético abrió un debate que aún resuena”, afirmó, destacando que su legado interpela a trabajar por una sociedad más justa y fraterna.
El alcalde de Rancagua, Raimundo Agliati, recordó con emoción la llegada de Mons. Goic a la diócesis hace más de dos décadas, subrayando que su ministerio trascendió las fronteras de la Iglesia. “Su voz y acción resonó más allá del templo, promoviendo siempre la dignidad humana y la justicia social. Como ciudad, lo adoptamos como un hijo insigne y hoy ofrecemos un reconocimiento sentido a su vida y obra”, afirmó.
Testimonio de la familia
En representación de la familia, su sobrino Pedro Goic compartió recuerdos íntimos y anécdotas que reflejaban la cercanía y humanidad de su tío. Relató su vocación sacerdotal surgida en Punta Arenas, sus años de acompañamiento pastoral en distintas diócesis y su compromiso constante con los más débiles.
“Siempre estuvo al lado de los pobres, de quienes necesitaban una palabra amable y una sonrisa cariñosa. Para nosotros fue un tío cercano, inquieto y profundamente humano, que nos enseñó a dialogar y a preocuparnos por el prójimo”, señaló con emoción.
El sobrino también agradeció a la comunidad y a las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, quienes lo acogieron en sus últimos años de vida. “Encontró una nueva familia y un lugar de paz donde también residirán sus restos. Más que llorarlo, debemos recordarlo en su mensaje: hacernos cargo de las injusticias, crear diálogo y ponernos siempre del lado del más débil”, concluyó.
Un legado que trasciende
La presencia de autoridades civiles en su despedida evidenció la huella pública y social de Mons. Goic, quien no solo fue pastor de la Iglesia, sino también profeta de su tiempo. Su voz en defensa de la dignidad de los trabajadores, de los inmigrantes, de los perseguidos y de los más pobres seguirá resonando en la memoria de Chile.
La diócesis de Rancagua y la comunidad católica nacional lo recordarán como un pastor sencillo, valiente y profundamente humano, que hizo suyo el lema que lo acompañó toda la vida: “Cristo es mi vida”.