
Al clausurar el Año Santo en la diócesis, Monseñor Guillermo Vera agradeció a Dios por este tiempo de gracia y manifestó su alegría por “la gran cantidad de hermanos y hermanas, cristianos católicos, que desde las diversas comunidades parroquiales de nuestra diócesis se organizaron para peregrinar a los distintos santuarios y así acoger el don de la indulgencia”.
Expresó que éstas fueron “experiencias vividas con alegría, fe y entusiasmo, donde nuestras comunidades supieron organizarse para peregrinar, expresar y vivir lo que es nuestra vida cristiana: un caminar constante, lleno de confianza, sabiendo que el Señor siempre nos acompaña y que es Él quien nos espera al final del camino. Peregrinamos también con la esperanza viva de que el Señor es quien nos redime, nos salva y nos perdona”.
El obispo de Rancagua indicó que el tiempo vivido nos llena de esperanza: Al cruzar las Puertas Santas en cada uno de los santuarios, recordamos que el corazón de Cristo está siempre abierto para acogernos y regalarnos su misericordia. Hemos vivido, sin duda, un tiempo de gracia, que nos invita a valorar profundamente lo que significa ser cristiano, pertenecer a la Iglesia y vivir en comunión estos momentos especiales de fe que nos animan y nos llenan de esperanza.
El pastor diocesano dejó la invitación a continuar viviendo la fe en la cotidianidad de cada día, “pero desde una normalidad creativa: una normalidad que nos impulse a salir como misioneros, a encender en el corazón de otros esa luz de la fe que, por la gracia de Dios, ya arde en nuestros propios corazones”.
Al finalizar monseñor Guillermo Vera agradeció a Dios por este tiempo de gracia. “Gracias, Señor, por este Año Jubilar. Gracias por tu misericordia, que siempre nos envuelve y nos regala esperanza”, enfatizó.