
Con profunda espiritualidad y un ambiente de esperanza, las comunidades de la Diócesis de Rancagua vivieron el Sábado Santo y el Domingo de Resurrección, momentos culminantes del Triduo Pascual, que marcan el paso del dolor de la cruz a la alegría de la Resurrección de Cristo.
La jornada del Sábado Santo comenzó con diversos retiros espirituales realizados en parroquias y capillas de la diócesis. Estos espacios de oración permitieron a los fieles acompañar a la Virgen María en el silencio de la espera, reflexionando sobre el misterio de la muerte de Jesús y preparándose para celebrar la victoria de la vida sobre la muerte.
Durante la noche, numerosas comunidades participaron en las tradicionales Vigilias Pascuales, una de las celebraciones más significativas del calendario litúrgico. Los templos se llenaron de fieles que se reunieron para vivir esta liturgia cargada de signos, que comienza con la bendición del fuego y el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado, luz que vence las tinieblas.
En medio de cantos, lecturas bíblicas y momentos de profunda oración, los fieles renovaron sus promesas bautismales, recordando que por el bautismo participan también de la vida nueva que Cristo ofrece a su Iglesia. Fue un momento especialmente significativo para las comunidades, que celebraron con alegría el triunfo de la vida sobre la muerte.
Estas celebraciones dieron paso al Domingo de Resurrección, día en que la Iglesia proclama con fuerza el centro de la fe cristiana: Cristo ha resucitado. En cada parroquia de la diócesis, familias completas, niños, jóvenes y adultos se reunieron para participar en la Eucaristía, celebrando el misterio pascual que renueva la esperanza de la Iglesia y del mundo.
En este contexto, el obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera, celebró el Triduo Pascual en la comuna de Pumanque, acompañando a la comunidad parroquial en las principales celebraciones litúrgicas y compartiendo con los fieles estos días santos.
A continuación, te invitamos a revisar la galería de imágenes que recoge algunos de los momentos más significativos de estas celebraciones en la Diócesis de Rancagua, donde la fe, la comunidad y la alegría de la Resurrección se hicieron visibles en cada parroquia.