- Parte de las preocupaciones de la Iglesia es la atención de los que no pueden acceder a salud, y este llamado a ser solidarios y caritativos lo han respondido decenas de profesionales del área, haciéndose voluntarios del Centro “El Buen Pastor”.
Es viernes -9 horas- y Pía (podóloga clínica) y Alex (sicólogo) están atendiendo a sus primeras pacientes en el Centro de Salud y desarrollo integral “El Buen Pastor”, donde con cariño entregan su tiempo y atención profesional a sus pacientes Aurora y Adriana, respectivamente.
Ello les trae la gratitud de Aurora, que manifiesta que “ir a un podólogo es muy caro y aquí en el centro atienden super bien, vengo desde el 2020 más o menos”; también de Adriana, quien se traslada desde Lo Miranda para visitar al sicólogo, y ya ha tenido varias sesiones, luego de las que expresa sentirse mucho mejor, “aquí encontré confianza y mucho cariño, yo no podría haber pagado un sicólogo y estaba con depresión”, cuenta.
El asesor del área de Salud de la Diócesis, padre Gabriel Becerra, explica que tomando como base la experiencia hace algunos años de los padres Identes en alianza con la Municipalidad de Graneros, surge la idea de apoyar la salud y el desarrollo de las personas, especialmente de más escasos recursos de Rancagua y sus alrededores, con profesionales voluntarios en distintas áreas médicas. Es así como nace el Centro de Salud y Desarrollo integral ‘El Buen Pastor”, bajo el alero de Fundación Caritas Rancagua y financiado por dos fundaciones.
La coordinadora es Ximena Chacón Alvarez, quien señala que éste cuenta con profesionales voluntarios en diferentes áreas médicas, tales como: medicina general, traumatología, psiquiatría, psicología, nutrición, kinesiología, podología, oftalmología, orientación familiar y geriatría. Algunos profesionales atienden en el centro, pero otros lo hacen en sus propias consultas médicas, pero bajo el mismo criterrio de que es sin costo.
En ese sentido, Ximena Chacón dice que “los voluntarios aportan con su tiempo y nosotros entregamos todos los insumos”.
Asevera que además de a estos pacientes que llegan por distintas vías, también se apoya con atenciones médicas a los abuelitos del Hogar San José de Rancagua.
Cuenta, por otra parte, que durante la pandemia se buscaron opciones de atención como la telemedicina y también un ciclo de talleres de sicología, que se realizaron en las diferentes parroquias de la diócesis, para abordar temáticas como la ansiedad, el encierro, entre otras.
Es así como “muchas de las derivaciones vienen desde las parroquias, aunque las puertas del centro están abiertas para todas las personas, sin importar su creencia religiosa”, enfatiza Ximena.
LOS VOLUNTARIOS
En el centro atienden voluntarios de diversas especialidades médicas, Rumbos quiso conocer la experiencia de dos de ellos, que les contamos a continuación:
Pía Ortega Sepúlveda, es podóloga clínica y decidió ser voluntaria “como una forma de devolver la mano, porque hay mucha gente que necesita esta atención, que es muy cara por los insumos que se utilizan”, dice. Ella es volunaria desde hace cinco años y atiende todos los jueves de 9 a 11 de la mañana a cuatro o cinco pacientes, aproximadamente.
Pía señala que “es importante darse cuenta de los tiempos que estamos viviendo y creo que cuando un profesional ejerce con pasión, se le llena el pecho de satisfacción hacer voluntariado, hay que agradecer y dar una mano si uno tiene la posibilidad. El centro siempre está en mi planificación semanal”.
Por otra parte, explica que “las dependencias cuentan con buena implementación, faltan algunas cosas más tecnológicas, pero en general está bastante bien equipado y es importante cuidar esos insumos”.
Alex Morales Dupa, sicólogo, desde hace cinco años es voluntario de este proyecto. “Me gusta aportar al otro y ayudar a las personas para que resuelvan las dificultades que están enfrentando en salud mental, la gente aprovecha estas instancias porque es una necesidad que tiene. Me gusta mucho entregar mi profesionalismo”. En ese sentido, Alex atiende presencialmente todos los viernes durante la mañana y los lunes en sesiones de telemedicina.
Señala que “es enriquecedor para el alma ser voluntario, uno se siente grato de entregar su profesionalismo, es muy satisfactorio hacer algo que a uno le gusta y entregan a persona que lo está aprovechando y también lo agradece, es un compromiso muy bonito”.