
En abril de este año, el asesor diocesano de la Pastoral de la Salud, padre Gabriel Becerra, inició un ciclo de charlas sobre “El sentido del dolor y el sufrimiento humano”, en las que ya han participado alrededor de 60 personas de los decanatos de Purísima, Rancagua y Santos Apóstoles, además de miembros de la Cruzada Caritas. Así seguirá desarrollando estos encuentros, que complementan lo que la Pastoral de la Salud está desarrollando en el Centro de Salud “Buen Pastor”, donde se entrega atención gratuita a las personas que lo requieren.
En ese sentido, el padre Gabriel Becerra asevera que estas dos áreas están relacionadas con “la vivencia del dolor” y que es necesario abordarlas desde lo teórico, pero también desde lo concreto, como son las atenciones que realizan los profesionales en el centro de salud y la visita a los enfermos, en el caso de los ministros de la comunión. “Como el buen samaritano que va en ayuda del que sufre en tantos lugares: hospitales, hogares de ancianos, por ejemplo. Y todo lugar donde exista el dolor y la soledad del sufrimiento: estuve enfermo y me visitaste, fui forastero y me acogiste, preso y me visitaste…sediento y me diste de beber, con hambre…”, señala.
ENCICLICA JUAN PABLO II
Las charlas, a las cuales asisten principalmente ministros de la comunión y agentes pastorales de la pastoral de la salud a nivel parroquial, están basadas en dos momentos importantes: el primero es para compartir las vivencias frente al sufrimiento humano; y el segundo para reflexionar frente al concepto del dolor y sufrimiento, en base a la Carta Encíclica Salvifici Doloris, del Papa Juan Pablo II, escrita el año 1984.
En la carta encíclica, el Papa señala que el dolor es un tema que a atañe al género humano, pero a la vez cabe en el dolor un misterio profundo. Señala que el sufrimiento es una realidad objetiva, que está en el mundo y es insoslayable. Da como ejemplo el de las guerras mundiales y otros errores y transgresiones de la civilización pasada y actual. Todo esto -indica- podría llevar a la autodestrucción de la humanidad.
Precisa que se trata no solo del sufrimiento físico, también existe del sufrimiento moral: el dolor del alma. Acá existe una experiencia del mal. Entonces, es perentorio aclarar: ¿Qué es el mal?
A esta pregunta, indica, la fe cristiana responde de manera distinta a otras culturas y religiones, pues éstas creen que la misma existencia humana es un mal del cual debemos liberarnos. La fe cristiana cree que la esencia del bien es el existir, que le deviene de su propia creación y creador. El dolor aparece entonces como un bien del cual el hombre en el origen se ha privado.
Al respecto, el padre Gabriel explica que “a diferencia del animal, el hombre sabe que sufre; y lleno de asombro se pregunta por la finalidad de este sufrimiento. Esta línea de reflexión la vemos en el libro de Job, donde el dolor aparece como un mal. La justificación para lo anterior es el pensamiento del mundo religioso judío donde el mal es un castigo o consecuencia del propio pecado. Pero el sufrimiento de Job es el del inocente; ¿Cómo se puede justificar el dolor en aquel que es inocente? Puede ser una consecuencia, pero también tiene carácter de prueba. Posee además el sufrimiento un valor educativo, como conversión final, superación del mal.
Para encontrar el verdadero sentido del sufrimiento, debemos volver nuestra mirada al amor radical de Dios en Jesucristo”.
Agrega en esta reflexión que “el diálogo de Jesús con Nicodemo deja ver este amor inmenso de Dios que entrega a su propio Hijo para la salvación del mundo. Podríamos concluir de esto que la salvación nace desde un evento eterno amor doloroso. Es decir, aunque la redención de Cristo no suprime la realidad del sufrimiento, sí nos abre las puertas de la felicidad y bien eternos. Por lo tanto: “todo hombre tiene su participación en la redención…” en la participación de ese sufrimiento redentor de Cristo”.
"También todos los que sufren por el Señor, deben tener la viva conciencia que unen sus sufrimientos a los de Cristo con un sentido redentor; porque Jesús responde a la pregunta por el dolor, desde el centro de su propio sufrimiento. No es una respuesta abstracta al sufrimiento, sino una llamada a seguirlo en ese sufrimiento con sentido. Si se responde a esta llamada, el discípulo puede encontrar en este sufrimiento motivo de paz interior y de alegría espiritual”, indica.
Finalmente, el padre Gabriel señala que “una vez superado el sin sentido del sufrimiento, y se vive en un camino de redención en Cristo, se puede vivir y servir a los hermanos en esta doble dimensión: conciencia de sentido y servicio al que sufre sin importar quien sea. Es un llamado a testimoniar el amor al prójimo. Es hacerse próximo al que sufre. Es ver a Cristo en el que sufre, el caído, y creer que soy también Cristo mismo que se abaja y se sale del camino propio para atender al hermano que caído”.
En ese sentido, el sacerdote recalca dos aspectos fundamentales: “El sufrimiento humano tiene un sentido que es sobrenatural y humano a la vez. Lo primero porque la redención del mundo pasa justamente por el sufrimiento, Dios nos salva en el sufrimiento; y lo segundo, porque en él, el ser humano se puede encontrar a sí mismo, en su propia humanidad, su dignidad y tarea a realizar en la vida”.
Continuando con esa reflexión, el asesor de Pastoral de la Salud, asevera que “el dolor tiene un sentido, una finalidad y que existe en el mundo para provocar el amor. Por ello, se debe valorar el sufrimiento cuando creemos que Cristo mismo enseñó al hombre a hacer el bien con el sufrimiento y hacer el bien con el que sufre”.
Tomando ese punto, el padre Gabriel señala que “el sentido que el dolor hace naturalmente es que el hombre se repliegue sobre sí mismo, enquistarse, lamentarse. Sin embargo, frente a esta realidad, el Papa nos explica que el sufrimiento pone al hombre frente a sus límites, su indigencia y, al mismo tiempo, lo hace descubrir una fuerza de paz interior y purificante, redentora”.