VIDA DIOCESANA EN PANDEMIA DURANTE 2020

Viernes 30 de Abril del 2021
• El Secretario Pastoral de la Diócesis, padre Hugo Yáñez hace un análisis del informe sacramental enviado a la Santa Sede el 2021.

Cada año todas las diócesis del mundo deben enviar sus datos estadísticos a la Santa Sede, incluyendo la dimensión sacramental. El informe corresponde a la presencia de las 67 parroquias y a los 31 colegios católicos diocesanos. Nuestra diócesis no ha sido la excepción respecto al año 2020, un año marcado particularmente por la catástrofe sanitaria de pandemia. Era previsible una baja considerable en la administración sacramental en todo el mundo. A continuación se detallan algunos de esos resultados, en el marco de la misma situación de pandemia y en un contexto de avance del descrédito y de falta de confianza en todas las instituciones, incluyendo a la Iglesia.
Durante 2020 el total de bautismos en la diócesis bajó de 6.244 en 2019 a 3.740. Las confirmaciones bajaron de 4.471 en 2019 a 692. Las primeras comuniones bajaron de 4.674 en 2019 a 745. Los matrimonios bajaron de 616 en 2019 a 301. Por otra parte, la cantidad de catequistas, tanto en parroquias como en colegios de inspiración católica, bajaron de 1.741 en 2019 a 1.587. La matrícula en colegios católicos bajó levemente de 22.857 en 2019 a 22.400 alumnos. Se puede mencionar igualmente que dos sacerdotes diocesanos dejaron el ministerio y fallecieron otros tres presbíteros (dos diocesanos y un religioso), además del fallecimiento de dos diáconos permanentes. Los seminaristas diocesanos descendieron de tres a dos, aunque uno de ellos se ordenó diácono en tránsito. Las religiosas descendieron de 105 en 2019 a 92 en 2020.
Más allá de la situación sanitaria circunstancial, el descenso de las cifras puede tener una explicación algo más remota en el nivel de desconfianza y de falta de credibilidad en las instituciones en los últimos años, incluyendo a la Iglesia, por las razones ya de sobra conocidas. Según las encuestas más serias en nuestro país, el nivel de confianza en la Iglesia ha disminuido desde el 29% en 2015 hasta un 14% en 2019, según la encuesta del CEP (Centro de Estudios Públicos). La categoría “poca o ninguna confianza” subió de un 43% en 2013 a un 55% en 2015, según la encuesta UC-Adimark. Al verlo desde la perspectiva de la categoría “mucha o bastante confianza”, las cifras disminuyen desde un 44% en 2006 a un 24% en 2015, según UC-Adimark. 
Sin embargo, el descrédito y la falta de credibilidad no se ha traducido en el aumento de fieles evangélicos y de Iglesias protestantes en Chile, puesto que su número se ha mantenido bastante estable: oscila entre el 17 y el 18% entre 2012 y 2019, según UC-Adimark. La encuesta CEP lo sitúa en un 16% en 2018. En contraste, la cantidad de fieles que se sienten parte de la Iglesia Católica tiene una mayor oscilación. Ha descendido desde un 61% en 2013 a un 45% en 2019, según la misma encuesta CEP-Adimark. La encuesta CEP sitúa a los católicos en un 55% en 2018. Es decir, una baja notoria y permanente, que no ha ido en beneficio de evangélicos y protestantes. Los que han visto un aumento son las personas ateas, agnósticas, indiferentes o sin religión. Según UC-Adimark, el conjunto de ellos ha aumentado de 16% en 2006 a 37% en 2019. En cierto sentido, podríamos decir que son los “grandes beneficiados” por la situación crítica de la Iglesia Católica. 
Lo anterior responde a cifras duras, tanto a partir de nuestros propios informe diocesanos oficiales como  a los resultados de las más prestigiosas empresas de encuestas y estudios sociales en Chile. Nos corresponde a todos los católicos, y en particular a nuestros pastores a nivel nacional y diocesano, enfrentar los desafíos que representan estas cifras. Al mirar la propuesta pastoral para el año 2021 encontramos algunos lineamientos importantes y necesarios para acometer durante el año, en contexto de pandemia, proceso constitucional y año electoral. Estas líneas enfatizan la fraternidad presbiteral y laical, la formación a todos los niveles y la dimensión social de la fe. Por cierto hace falta complementar estas orientaciones con la dimensión litúrgica-eucarística (fuente y cumbre en la práctica de la fe) y con la dimensión misionera (corazón de la evangelización a partir de las exigencias de nuestro bautismo). Un desafío no menor.

Pbro. Hugo Yáñez Canales
Secretario pastoral
Diócesis de Rancagua