
Una delegación de la Pastoral de Migrantes de la diócesis participó este 10 y 11 de noviembre, en las XXII Jornadas de Migración y Refugio, que tienen como finalidad, que diversos representantes pertenecientes a Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), organismos del Estado chileno a nivel central y local, organismos internacionales e incluso el sector privado, puedan reflexionar sobre los desafíos que conlleva la gestión migratoria y su acompañamiento, poniendo énfasis en el respeto y garantía de los derechos fundamentales, políticos, sociales y culturales de las personas migrantes y refugiadas, en un contexto multicultural nacional e internacional. La hermana Claudia Ximena Lazcano cuenta el valor de participar en esta actividad.
¿Cómo evalúa la participación en las Jornadas Migratoria y de Refugio?
Evaluar la participación de las jornadas, es siempre positivo. El fin de las jornadas es abordar temas que son importantes para el ser y que hacer de quienes prestamos este servicio en la Iglesia, porque nos va dando insumos técnicos y de contenido que nos permiten ir mejorando en la atención a nuestros hermanos y hermanas extranjeros con sus familias. Este año las jornadas se desarrollaron bajo el título “Construir el futuro junto a los migrantes y refugiados”. Y de nuestro equipo pudimos participar cinco integrantes en distintos momentos. Es importante decir que para nosotros las jornadas son muy importantes, porque nos dan un marco de dialogo a nivel de Iglesia, los días anteriores a las ellas, todos os delegados y delegadas de pastoral de la movilidad humana coordinados y animados por el Instituto Chileno Católico de Migración (INCAMI). Esto significa que de todas las diócesis nos reunimos en un ambiente de reflexión, oración y fraternidad para buscar caminos que den respuesta a las urgencias y exigencias que significa acompañar a nuestros hermanas y hermanos extranjeros. La Jornadas Migratorias son valiosas y a la vez un referente en materias migratorias, sobre todo en lo que la Iglesia hace silenciosamente; ser entendidos en humanidad, reconociendo uno de los rostros de Cristo en los más vulnerables de este tiempo y buscando dar respuestas, en la medida de lo posible a las necesidades de cada una de estas personas y sus familias.
¿Cuáles son los desafíos que presenta la realidad de migración actual a la diócesis?
Para hablar de desafíos, se debe conocer la realidad de la región de O’Higgins en cuanto a la población de migrantes que actualmente residen en ella. De acuerdo con el último informe de Estadísticas Migratorias del Servicio Nacional de migrantes y el Instituto Nacional de Estadísticas la población de extranjeros al 31 de diciembre del 2021, se estimó un total de 45.200 personas extranjeras residentes en la Región Libertador Bernardo O´Higgins. El colectivo de personas extranjeras de Venezuela es el principal en la región, con 33,8. En segundo lugar, se ubica Haití, con 28,6%, y en tercer lugar, se ubica Colombia, con un 8,4%. La información antes descrita corresponde a personas extranjeras que hacen uso del sistema, pero aquí es donde hoy se complejiza la realidad para la Diócesis. Existe un número importante de esta población que hizo ingreso por paso no habilitado a Chile, y que no se ha auto denunciado. Esto significa que no hay registro formal de ellos. Ésta es la población que llega a nuestras oficinas; familias con menores, adultos mayores, mujeres solas con lactantes y menores de 6 a 12 años, todas pensando que haciendo un trámite sencillo su situación se resolverá. En este año los principales desafíos que necesitan encontrar una solución son-.
• Entregar información clara en cuanto a su situación migratoria de acuerdo con la nueva ley. Hay los llamados “tramitadores” que ofrecen su servicio con la promesa de resolver la situación migratoria cobrando por ello. Con la nueva ley no hay regularización para personas adultas que ingresan por paso no habilitado, a diferencia de los niños, niñas y adolescentes que sí pueden hacerlo.
• Lograr apoyar a las familias en tiempos determinados. Al no haber proceso de regularización, no hay posibilidad de trabajo, y tenemos un número importante de población cesante y condiciones precarias especialmente en invierno y primavera.
• Hacer comprender a la población extranjera la importancia de la escolarización para sus hijos e hijas. •Acompañar a las mujeres en sus procesos de inclusión, autoestima y crianza. • Como departamento animar los procesos de inclusión cultural, religioso, de reflexión.
¿Cómo cree que se debería abordar el tema de los prejuicios contra los migrantes?
Creo que los prejuicios se abordan, desde el respeto y diálogo de todas las partes; de aquel que llega y de quien vive desde siempre en un lugar. Un segundo momento es perder el miedo a conocerse y reconocerse como iguales; en situaciones de vida, duelo, preocupaciones y alegrías. Cuando caminamos en sintonía, conocemos nuestras historias es más fácil comprenderse. Dicho esto, creo que estos puentes van siendo levantados por las nuevas generaciones. En nuestra diócesis, hay experiencias muy enriquecedoras de colegios que van siendo parte de estos puentes; algunos a través de apoyo solidario para el primer tiempo de llegada de las familias, otros van destacando en aporte a la cultura por medio de la danza, la música, y la gastronomía, y hay colegios que llevan a sus estudiantes a realizar investigación, reflexión y propuestas desmitificando el tema de la persona migrante. Por eso creo que la formación y sobre todo la educación son un aporte muy importante para quitar los prejuicios que existen. Otro aporte fundamental somos todos los creyentes, reconocer a otro u otra como hijo e hija de Dios, no es selectivo. Hemos sido creados y salvados por un Dios que no mira raza, condición social o nacionalidad.
Viene el tiempo de Navidad, que muchos migrantes lo viven lejos de sus familias ¿cuál es el mensaje hacia ellos y cómo la gente puede acogerlos en esta situación?
El mensaje en esta navidad es arrodillar nuestro corazón en el pesebre y detenernos a contemplar el rostro de ese tierno niño que se nos da, seguramente habrá muchos rostros en él, que nos hablará del amor profundo que tienen por cada uno de nosotros. Un bebé extiende los brazos para sentirse amado, para entregar alegría y conmovernos con su divina ternura. En esta hora de misericordia y gozo, pedir los unos por los otros. Apoyarse fraternalmente, que esta navidad no solo tenga sabor a pan de pascua… que tenga sabor a evangelio, y que éste se convierta en hechos concretos “un pan que se comparte, sabe mejor que uno que se deja endurecer de tan guardado que esta” Invite a una familia cercana a usted que sabe que no puede tener hoy una navidad digna, regale con dignidad un apoyo en canasta de alimento y útiles de aseo, compre para u niño o niña un regalo extra… hay tantas formas de ser creativos. Los grupos en las parroquias pueden ofrecer un compartir… lo importante es no dejar de contemplar el rostro de este niño divino que nos brinda la oportunidad de recibirle.