Palabras del Pastor

Oportunidad de encuentro familiar

El obispo de Rancagua, monseñor Guillermo Vera, recuerda la importancia de que el padre esté presente en la familia y de que actúe con paciencia, dulzura y misericordia.

 

 

Hermanos y hermanas:

 

Al celebrarse el Día del Padre, hermosa ocasión de encuentro y de reconocimiento en la familia, de la labor de aquel hombre, siempre importante en la vida de todos, me compartir permito con ustedes esta reflexión:

Toda familia tiene necesidad del padre. Hoy nos detenemos en el valor de su rol y quisiera comenzar por algunas expresiones que se encuentran en el Libro de los Proverbios, ahí en el antiguo testamento, palabras que un padre dirige al propio hijo, y dice así: “Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón. Mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud (Pr 23,15-16).

No se podría expresar mejor el orgullo y la conmoción de un padre que reconoce de haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en la vida, es decir, un corazón sabio. Este padre no dice: “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites las cosas que digo y que hago yo”. No, no le dice esto. Le dice algo mucho más importante, que podríamos interpretar así: “seré feliz cada vez que te sienta actuar con rectitud. Esto es lo que he querido dejarte, para que se transforme en una cosa tuya: la actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que tu pudieras ser así te he enseñado cosas que no sabías, te he corregido errores que no veías. Te he hecho sentir un afecto profundo y a la vez discreto, que quizás no has reconocido plenamente cuando eras joven. Te he dado un testimonio de rigor y de firmeza que a lo mejor no entendías, cuando hubieras querido solamente complicidad y protección. Ahora – continúa el padre - cuando veo que tratas de ser así con tus hijos y con todos, me conmuevo. Soy feliz de ser tu padre”. Es esto lo que dice un padre sabio, un padre maduro.

Un padre sabe bien cuánto cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta dulzura y cuánta firmeza.

La primera necesidad, entonces, es precisamente ésta: que el padre esté presente en la familia. Que esté cerca de la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Y que esté cerca de los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando estudian, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando están taciturnos, cuando se atreven y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando encuentran el camino. Padre presente, siempre. Decir presente no quiere decir “controlador”, porque los padres demasiados “controladores” anulan a los hijos, no los dejan crecer; nos dice San Pablo: “Padres, no exasperen a sus hijos, para que no se desanimen”.

El Evangelio, habla de la ejemplaridad del Padre que está en los cielos – el único, dice Jesús, que puede ser llamado realmente “Padre bueno” (cfr Mc 10,18). Todos conocemos aquella extraordinaria parábola llamada del “hijo pródigo” o mejor dicho del “padre misericordioso”. ¡Cuánta dignidad y cuánta ternura en la espera de aquel padre que está en la puerta de casa esperando que el hijo regrese! Los padres tienen que ser pacientes. Muchas veces no queda más que esperar, rezar y esperar con paciencia, dulzura y misericordia.

Un buen padre sabe esperar y sabe perdonar, desde el profundo del corazón. Cierto, sabe también corregir con firmeza: no es un padre débil, complaciente, sentimental. El padre que sabe corregir sin humillar es el mismo que sabe proteger sin limitarse.

 

Entonces, si hay alguien que puede explicar a fondo la oración del Padre Nuestro enseñada por Jesús, éste es quien vive en primera persona la paternidad.

Querido hermano que has recibido la inmensa dicha de ser padre, pide a Dios cada día sabiduría para cumplir tu misión y que tus hijos sepan que pueden contar siempre contigo, así como Jesús quiso contar con José aquí en la tierra.

 

Como comunidad creyente, oremos por los padres de familia y que este rol importante en la vida de todos sea tenido en cuenta con espíritu agradecido.

 

¡Dios bendiga a todos los papás!

 

 

+Guillermo Vera Soto

Obispo de Rancagua