Hermanos y hermanas:
El comité permanente de la Conferencia Episcopal de Chile a nombre de todos los obispos de Chile ha difundido una declaración invitando a los creyentes a discernir con una conciencia bien formada en las próximas elecciones que como nación enfrentaremos.
En este proceso estamos invitados a participar de una manera responsable e informada, ya que tendremos la responsabilidad de elegir a quién será el Presidente o Presidenta de la República, de elegir a una parte del Senado y a la totalidad de la Cámara de Diputados y Diputadas. El informarnos para participar de este proceso habla de nuestra responsabilidad como creyentes y ciudadanos.
Hoy, la misión de la Iglesia es iluminar con las enseñanzas de Jesucristo y de su doctrina social, aquellas realidades que marcan la vida de los pueblos, y una de ellas es elegir a sus autoridades.
En muchas ocasiones, la Iglesia ha puesto de manifiesto la importancia de la vida política y de las personas que participan de ella; dedicarse a la política es dedicarse a una actividad u oficio de amor y caridad en el servicio del prójimo. La política y el trabajo de los políticos es una tarea noble y necesaria para el bien de los pueblos y de toda la sociedad; por eso hemos de valorar aquellos hombres y mujeres que optan en su vida por un servicio a la sociedad por medio de la política. Como sociedad hemos de agradecer esa vocación, reconocer las cosas buenas que se van logrando y estar muy atentos también para hacerles ver a estos hermanos nuestros, aquellas cosas que están mal y que no corresponden a la confianza que les hemos manifestado.
En la tarea que vamos a realizar dentro de unos días para elegir nuestras autoridades, nosotros como creyentes, debemos tener claro los principios de la fe cristiana y los valores que de ellos se derivan. Al emitir nuestro voto hemos de preguntarnos si aquellos a quienes queremos dar nuestra preferencia son personas que promueven la dignidad de la persona, de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, el pleno respeto a la libertad religiosa, la protección de la familia basada en el matrimonio como unión estable entre un hombre y una mujer, y el derecho inalienable de los padres y apoderados a escoger la educación de sus hijos hoy, así como la libertad para emprender en un marco de justicia y responsabilidad social.
Debemos también preguntarnos si ellos promueven el cuidar y crear políticas sociales y económicas que favorezcan un desarrollo y una justa igualdad de oportunidad para todos, la preocupación por la por la seguridad pública, que nos permita realizar actividades sin temor, la existencia de un sistema de Seguridad Social que garantice condiciones dignas de vida para las personas mayores, y salarios justos para el desarrollo personal y familiar. A ello se suma la preocupación que ellos han de tener por el uso transparente de los recursos del Estado evitando así todo tipo de corrupción y se pueden realizar proyectos que conduzcan a un verdadero desarrollo sostenido.
Del mismo modo, hemos de pedirle a quienes vamos a elegir, que sean capaces de promover el diálogo y la amistad cívica de modo que podamos vivir en un ambiente más tranquilo y de respeto; en un ambiente donde la democracia se respire, evitando las descalificaciones el uso malintencionado de la desinformación; sí, todos debemos rechazar cualquier forma de violencia física o verbal o mediática en la actuación pública y política de manera que gobernantes y de los ciudadanos aprendamos a construir puentes no muros y a trabajar por la paz y la dignidad de todas las personas.
Es por todo esto que los obispos en este mensaje animamos a participar en este acto eleccionario, no solo porque es obligación hacerlo, sino por la convicción que tenemos de ser responsables en la construcción de la grandeza de nuestro país.
Que esta participación sea hecha en respeto a nuestra conciencia. Por eso, qué importante es escuchar, dialogar, ver aquello que se nos propone, confrontarlo con lo que son nuestros valores, con lo que son nuestras creencias y que así, entonces, podamos realizar una opción responsable que nos lleve a buscar la grandeza de nuestra nación. Nuestros mayores desde hace generaciones han expresado su fe, con aquel canto que todavía nosotros entonamos, y donde proclamamos que: “a Dios queremos en nuestras leyes, en las escuelas, en el hogar”.
Hagamos con nuestro voto informado, con nuestro voto dado en conciencia, que esto sea una gran realidad, para que podamos vivir en paz y poder dejar a las nuevas generaciones un Chile más grande más próspero.
Recemos por Chile y su futuro. Encomendémoslo a la Virgen del Carmen y su protección.
Dios les bendiga.
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua