Muy queridos hermanos y hermanas:
Hoy los católicos celebramos la Fiesta de Cristo Rey. El Evangelio que se nos presenta para nuestra meditación es el de Jesús en la cruz acompañado de dos ladrones y de la furia de una multitud que le increpaba y se burlaba de Él. Es de destacar que haya sido éste y no un episodio donde se nos mostrara a un Jesús poderoso, rodeado de seguidores, realizando milagros espectaculares, sino que al contrario se pusiera ante nuestros ojos a un Jesús que parecía derrotado, humanamente solo. La tentación que se le propuso al Señor en ese momento, por boca de uno de los ladrones, era que manifestara su poder, que dejara la cruz, que venciera sobre sus enemigos, que usara la violencia a su favor; Jesús no se dejó embaucar, su camino para lograr su cometido: la salvación del ser humano, de conquistar corazones, no pasaba por el poder de la fuerza, sino por el poder de su palabra y entrega de amor.
¡Qué los cristianos y las personas de buena voluntad aboguemos y trabajemos por lo que es justo!, por esa paz que se debe construir con justica y no cedamos a la tentación de la violencia. Hemos de tener cuidado, la fe nos enseña que estamos heridos por el pecado, el cual puede llevarnos a dejarnos tentar por el poder de la fuerza; hemos de saber controlar nuestras pasiones. Jesús y muchos de sus seguidores a lo largo de la historia nos señalan ese camino. Es bueno recordar a un Nelson Mandela, a Martin Luther King, cercanos en el tiempo y que hicieron grandes reformas, que llevaron a cabo grandes revoluciones, pero por vías pacíficas, no olvidemos a Gandhi, que sin ser cristiano vivió los valores del Evangelio, que están presentes en toda persona de buena voluntad. Nos dijo el Papa Francisco en Temuco: “La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa”.
El Señor en el cual creemos, sigue confiando en el ser humano, en cada hombre y mujer donde ha dejado la huella de su gloria y nos continúa invitando a que, con el trabajo, el estudio de cada día realizado con responsabilidad, con nuestra participación cuando corresponda, contribuyamos al bien y a la grandeza de nuestro mundo.
En Rancagua, una de sus parroquias lleva el nombre de Cristo Rey, a la sombra de ella está el Cottolengo y un Hogar de Ancianos, llevados por la congregación de los Orionistas, junto a sus colaboradores, ahí los pobres y sencillos, son atendidos con cariño y respeto porque en ellos está el Rey, el mismo Cristo. En la Parroquia del Carmen, desde hace años los sacerdotes junto a la comunidad tienen el Comedor de los Reyes, donde los descartados de este mundo son tratados como reyes, porque Jesús, el Rey de Reyes, está en ellos. Obras como éstas siembran paz y esperanza y nos hablan de que el Reino de Dios está en medio nuestro.
En Chile tenemos mucho que hacer, mucho que cambiar, que nadie se reste en esta tarea, pero confiando siempre en los caminos del diálogo, trabajando por la justicia y el bien que nos llevará a reencontrarnos con la paz.
Dios les bendiga,
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua