Una de las experiencias más hermosas que viví en el norte de Chile, donde fui obispo durante 18 años, fue el contemplar, en diversas ocasiones, la noche estrellada; en el desierto esto sin duda un espectáculo único, que me gustaría que cada uno de ustedes alguna vez pudiera vivir. En medio de la inmensidad, del silencio y de la oscuridad, contemplar las estrellas que brillan en el firmamento, a los que las contemplamos nos regalan paz, y a los que saben mirarlas y leer en el firmamento, les orientan por donde caminar, los pasos que se han de dar para no perderse.
En este domingo, como iglesia, celebraremos la fiesta de la Epifanía del Señor y en el evangelio se nos va a hablar, de aquella estrella que guía a los Magos hasta Jesús, que es la luz del mundo; en medio de la oscuridad, aquellos hombres que buscaban la luz y la verdad se dejaron guiar por la estrella, que les daba seguridad de ir por buen rumbo. En nuestras vidas también hay personas que se convierten para nosotros como en estrellas que guían nuestro camino, a esas personas agradecemos su testimonio de vida, su ejemplo,agradecemos su fe bien vivida, su honradez, su fortaleza en la adversidad; y más todavía cuando esas personas nos han mostrado a Jesús, pienso en tantos sacerdotes, diáconos, religiosas, catequistas, padres y abuelos, nos han mostrado con su vida la fe que ilumina el camino de la vida, sí son personas que también como el anciano Simeón pueden decir he visto al Salvador aquel que es luz y a quien vale la pena seguir, y nos han hablado de Él.
Ya les decía que las estrellas han sido durante siglos, las que han guiado los pasos de los que se aventuran en la vida, de los grandes descubridores, las estrellas los han llevado a un puerto seguro. Hoy, al celebrar la fiesta de la Epifanía, cómo no acordarnos de aquello que Jesús un día nos dice en el Evangelio: “brille la luz que hay en ustedes, para que las demás personas al ver las cosas buenas que ustedes hacen glorifiquen al Padre que está en el cielo”.
Hermanos y hermanas, nosotros estamos llamados a ser luz,también estamos llamados a ser -en este mundo tantas veces oscuro- como aquellas pequeñas estrellas que, brillando en el firmamento, dan calma, dan esperanza y que muestran caminos.
Al iniciar un nuevo año cómo no proponernos esto: querer ser luz, guiar a otros, mostrar caminos; esto comenzando en la familia, los padres guiando a los hijos, en las relaciones de amistad sabiendo acompañarnos unos a otros, apoyándonosen lo bueno y sabiendo corregirnos también en aquello que puede estar mal, poder ser signo de esperanza. Los cristianosestamos llamados a que con nuestra la vida, nuestra fe comprometida y nuestro ejemplo, podamos mostrar el camino y el rostro de Jesús. Que nosotros seamos estrellas,luces que guían a otros a encontrarse con aquel que es la luz,con ese Jesús que dirá: “yo soy la luz del mundo, y el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Nuestro mundo tan iluminado en estos días, pero sin embargo, tan lleno de tinieblas, necesita de aquellos que puedan ser luz, pequeñas estrellas que guíen, que Jesús para esto cuente con nosotros. No caminemos en tinieblas porque hemos conocido a Jesús, seamos luz para que otros no se pierdan en el camino.
Que Dios les bendiga.
+Guilllermo Vera Soto
Obispo de Rancagua