Palabras del Pastor

Trabajemos juntos para llevar esperanza

Monseñor Guillermo Vera destaca el ejemplo de miles de jóvenes que, por estos días, están realizando Misiones en nuestra diócesis: algunos llevan la Palabra de Dios a quienes están más alejados, y otros construyen casas, capillas y sedes en beneficio de la comunidad. “Ver jóvenes comprometidos de esta manera, sin duda que nos da esperanza”, señala el obispo.
Hermanos y hermanas: 
Hemos iniciado el tiempo de vacaciones. Es necesario que cada uno pueda tener estos días de relajo, de más tranquilidad, de compartir con la familia, de admirarse con la creación, de rezar más, sobre todo luego de un año arduo de trabajo y de estudio. Por ello, es importante destacar el ejemplo que dan miles de jóvenes universitarios en estos días, quienes se han organizado durante el año para trabajar y servir, en tiempo de vacaciones. Son jóvenes que dejan la ciudad y su vida de familia, para poder ir a distintos lugares de nuestra patria a compartir la vida con quienes pueden estar más solos o alejados. Son jóvenes que salen por unos 15 días a trabajar en Misiones, es decir, llevar la palabra de Dios a distintos barrios y poblados de nuestra patria y otros salen con el deseo de ir a trabajar en las diversas comunidades llevando lo que saben y aportando con su trabajo, con su creatividad y con su alegría: ahí están reparando casas, levantando capillas, sedes de encuentro para la comunidad, acompañando la vida de tantos hermanos y llevándoles esperanza. 
En nuestra Diócesis de Rancagua han sido varios lugares beneficiados con la presencia de jóvenes universitarios misioneros: Litueche, Pichilemu, Chimbarongo, Malloa, Codegua, entre otros. He visto la alegría que producen en las diversas comunidades la llegada de estos jóvenes que con su trabajo, entusiasmo y alegría en el compartir van llenando de vida nuestras comunidades. El ver jóvenes comprometidos de esta manera, sin duda que nos da esperanza, no todo está perdido en nuestra sociedad, no todo es egoísmo, hay mucha gente buena y deseosa de servir y de compartir.  
El Papa Francisco, a quien le gustaba inventar palabras para darnos sus enseñanzas, les dirá: “jóvenes, no balconeen la vida”, es decir, no miren desde lo alto, sino que comprométanse, caminen con la gente, sientan con las personas, compartan sus alegrías y sus penas, ayuden, no solo vean lo que otros hacen o dejan de hacer, sino que ustedes hagan en medio de los hermanos. Es una hermosa invitación que muchos jóvenes hoy día hacen suya y cómo quisiéramos que este espíritu se acreciente en nuestra sociedad: muchos trabajando juntos para llevar esperanza. 
El Papa Francisco también alertaba a los jóvenes y les decía: “a veces toda la energía, los sueños y el entusiasmo de la juventud se debilitan por la tentación de encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros problemas, sentimientos heridos, lamentos y comodidades. Joven, no dejes que esto te ocurra, porque te volverás viejo por dentro antes de tiempo; cada edad tiene su hermosura, y a la juventud no puede faltarle la utopía comunitaria, la capacidad de soñar unidos, los grandes horizontes que miramos juntos. Les decía también: “Dios ama la alegría de los jóvenes y los invita especialmente a esa alegría que se vive en comunión fraterna, a ese gozo superior del que sabe compartir”; y les recordaba un proverbio africano que dice: “si quieres andar rápido camina solo, si quieres llegar lejos camina con los otros”. No nos dejemos robar la fraternidad.
Esperanzador ha sido constatar que, en estos grupos de jóvenes universitarios, ha primado por sobre la comodidad el deseo de servir y que experimentaron aquello que nos dice la Palabra de Dios: “que más alegría hay en el dar que en el recibir”. Sin duda, ellos recibieron también mucho gozo interior al ver la sonrisa agradecida de la gente sencilla, que valoraba su presencia, trabajo y compañía, y que rezarán para que en esos corazones juveniles la llama de la caridad arda siempre. Dios bendiga a nuestros jóvenes que saben servir.
 
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua