Muy queridos hermanos y hermanas:
Se acercan los días santos de la Pasión salvadora de Nuestro Señor Jesucristo y de su Resurrección gloriosa. En ellos celebramos su triunfo sobre el poder de nuestro enemigo, el diablo, y renovamos el misterio de nuestra redención.
Vamos a iniciar la Semana Santa. Sí, cada día de esta semana son días santos que hemos de vivir muy en la presencia del Señor, en espíritu de adoración, de agradecimiento, de escucha y de silencio. Es un tiempo para meditar y contemplar el amor misericordioso de Dios, que nos hace sentir que tu vida y la mía son valiosas a los ojos del Señor, que cada uno de nosotros vale el precio de la sangre de Cristo.
Esta Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos. Hoy recordaremos aquella entrada triunfal del Señor a Jerusalén. Y nosotros también, en cada una de nuestras comunidades, parroquias y capillas, viviremos este momento en un ambiente festivo. Allí, la familia, los niños y los jóvenes, todos juntos, alabaremos al Señor y proclamaremos que Cristo el Señor es nuestro Rey. Pero al hacerlo, hagámoslo no solo con los ramos y con nuestros cantos, sino también con nuestra vida. Que esa proclamación de que Cristo el Señor es nuestro Rey podamos anunciarla cada día con nuestras obras, con nuestra fe perseverante, con nuestra paciencia en la adversidad y con nuestra confianza y espíritu de abandono en las manos del Señor.
Que así entonces cada uno de nosotros, siendo aquello que Jesús nos dirá en el Evangelio, haga brillar la luz que hay en ustedes, para que los demás, al ver las cosas buenas que ustedes hacen, glorifiquen al Padre que está en el cielo.
Que nuestra vida glorifique al Señor y podamos poner de manifiesto ante los hermanos lo importante que es seguir a Jesucristo, creer en su Palabra y aceptarlo a Él en cada una de nuestras vidas como nuestro Salvador.
Vivamos la Semana Santa. Ya te lo decía: no son sólo los días que tendremos feriados, sino que han de ser días en que hemos de procurar también estar un poco más tranquilos. Que estos días no sean solo una oportunidad para salir; o, si vamos a hacerlo, que allí donde vayamos podamos participar en los oficios, buscar momentos de mayor tranquilidad y dedicar más tiempo a la oración. Así, los invito a que en familia se pueda rezar el Vía Crucis y vivir instantes de recogimiento. Necesitamos silencio. Necesitamos contemplar el misterio del amor de Dios.
Hermanos y hermanas, en Semana Santa, miremos a Jesucristo y valoremos lo que cada uno de nosotros es para el Señor. Iniciemos estos días santos para la gloria de Dios, y que nos ayuden a crecer en una mayor espiritualidad.
Sigamos a Jesucristo. “Aquí estamos, Señor, porque solo Tú tienes palabras de vida eterna”.
Que Dios los bendiga.
+Guillermo Vera Soto
Obispo de Rancagua