
Dolor y gratitud se vivió simultáneamente en días pasados por la partida física del destacado laico Mario Arias Navarrete en Graneros. Mario tuvo una larga y destaca participación en distintas instancias pastorales, a nivel parroquial, decanal y diocesano. Nació el 23 de junio de 1941 en Requínoa, hijo de José y Mercedes, y falleció el 18 de junio del presente año, pocos días antes de cumplir ochenta años, víctima de un cáncer. En su parroquia fue catequista, animador de comunidad, ministro de la comunión, coordinador de liturgia y del Consejo Pastoral. También formó parte del Consejo Ampliado de Laicos en 2017 y del Consejo Diocesano de Laicos desde 2017 hasta el presente, así como igualmente fue delegado laical en el Consejo Diocesano Pastoral entre 2012 y 2019. Pero más que sus cargos y funciones son las reflexiones que han surgido a raíz de su partida, y éstas son algunas de ellas.
“He quedado con un profundo dolor con esta noticia. Recuerdo a don Mario como un gran hombre, lleno de la presencia de Dios, con un profundo amor por su Iglesia; cómo olvidar su sonrisa. Estoy segura que ya está gozando de la presencia del Padre” (Ester Alarcón).
“Queda el recuerdo de don Mario, como hombre de Dios y de su Iglesia, con su sonrisa y sencillez. Sin duda que ya está gozando de la presencia de Dios y de su vida eterna” (Mauricio Guzmán).
“Tengo muy grabado cuando participamos en las reuniones de nuestro Consejo de Laicos y nos íbamos caminando hasta la Alameda donde tomaba el taxi colectivo a Graneros. Momentos claves para compartir ideas y sueños, siempre queríamos algo más pero veíamos cristianos tibios (decíamos) y que nosotros deberíamos ser mejores y entregados. Mario tenía gran compromiso en su comunidad (“no tengo tiempo”, me decía) y juntos "intentábamos arreglar el mundo" con nuestra esperanza. Hoy, estará viviendo sin dudas y miedos junto al Padre que tanto amó y trabajó en su Graneros querido. Un testimonio apreciado de su vida y trabajo. ¡Gracias Mario!, te guardamos en el recuerdo con cariño y también gratitud (Enrique Anguita).
“Nos cabe solamente rezar por él, que Dios lo acoja con su inmensa compasión y misericordia y lo premie por sus largos años de compromiso y amor en la Iglesia parroquial y diocesana, y muy especialmente en el Consejo Diocesano de Laicos. Que el Dios de la Misericordia lo llene de su presencia en la vida eterna. Nos anima la esperanza de la resurrección. Más que nunca cuando se trata de seres humanos como Mario, tan humilde, comprometido y servicial. Gran hombre y gran cristiano. Un hombre que se esforzaba por ser fiel discípulo de Jesús, pero que al mismo tiempo vivía su fe con alegría y esperanza. Silencioso, pero elocuente. Un cristiano consecuente. Ahora goza de la presencia de Dios” (Pbro. Hugo Yáñez).
Un pequeño pero merecido homenaje a un fiel discípulo misionero y testigo.
Consejo Diocesano de Laicos