Hermanos y Hermanas:
Cada año, el mes de septiembre es también el Mes de la Biblia. Los cristianos recordamos el 30 de este mes a San Jerónimo, quien el año 405, luego de un arduo trabajo terminó de traducir la Biblia de las lenguas originales al latín la lengua más hablada de ese tiempo. Este trabajo se lo había encomendado el Papa Dámaso. La obra de Jerónimo llevó el nombre de Vulgata porque estaba pensada para la mayoría de la gente que ahora podría conocer la Palabra de Dios en su propia lengua. Durante siglos esta fue la traducción oficial para la Iglesia Católica de los Libros Sagrados. También en este mes se recuerda que el 26 de septiembre de 1569 fueron terminados de imprimir los primeros 250 textos de la Biblia en castellano; estos dos acontecimientos nos han de llevar a meditar sobre la importancia de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia y de cada creyente, por eso este Mes dedicado a la Biblia.
Los cristianos debemos leer y conocer la Palabra de Dios. Para cualquier cristiano es primordial conocer más y más la revelación que nos llega por la Sagrada Escritura. Por ello, la misión de divulgar la Palabra de Dios es una de las más necesarias en la Iglesia de nuestro tiempo. La Biblia es un tesoro de sabiduría divina y humana, viva expresión del designio de salvación del Dios misericordioso que ha salvado a la humanidad en y por Jesucristo. En la constitución del Vaticano II sobre la Palabra de Dios se lee: “La Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras, como también ha venerado el Cuerpo mismo del Señor. Por ello, especialmente en la sagrada liturgia, nunca deja de tomar el pan de vida de la mesa, de alimentarse de él y de distribuirlo a los fieles, tanto el pan de la Palabra de Dios como el Cuerpo de Cristo.” En la mayoría de nuestras casas está la Biblia, es importante sí, que no esté solo como un adorno en el altar hogareño, sino que sea un libro leído y meditado por todos. La lectura de la Palabra de Dios, sobre todo del Evangelio, será siempre para el creyente fuente de vida y esperanza.
“Lámpara es tu Palabra para mis pasos luz en mi sendero” así habla el salmista de la Palabra de Dios, es decir como una guía clara y necesaria para poder enfrentar la vida. Tomemos entonces la Sagrada Escritura y leamos, no solo la escuchemos en la Iglesia, sino que cada uno escrute en ella lo que el Señor nos quiere decir y dejándonos iluminar por ella tratemos de vivir lo que vamos aprendiendo, asumamos lo que San Pablo nos enseña en la carta a Timoteo. “Recuerda que desde niño conoces las sagradas Escrituras, que pueden instruirte y llevarte a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud, para que el hombre de Dios esté capacitado y completamente preparado para hacer toda clase de bien. “
Que cada día podamos dedicar unos minutos a la lectura de la Biblia, una buena cosa sería poder leer los textos de la Misa diaria, que son textos relativamente breves y que si lo hacemos ni nos daremos cuenta cuando en poco tiempo la habremos leído entera, hoy es muy fácil por internet tener acceso a estos textos cada día. No solo de pan vive el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.
Con afecto
+Guillermo Vera